miércoles, 26 de mayo de 2010
Concluyen en Holguín Romerías de Mayo 2010
Holguín (AIN).- Con conciertos de grupos de fusión, pop y rock concluyeron en la madrugada del pasado sábado las XVII Romerías de Mayo, evento de tradiciones culturales que durante una semana reunió a más de 400 artistas de 20 países.
La cita, organizada por la Asociación Hermanos Saíz, se realizan anualmente y tienen su origen en una fiesta religiosa iniciada el 3 de mayo de 1790 por el fraile Antonio Alegre, quien escaló hasta lo alto del Cerro Bayado con una cruz de madera a cuestas.
En su versión de 2010 se dedicó a la ciudad canadiense de Toronto y al 50 aniversario del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos.
Alexis Triana, presidente del Comité Organizador, al clausurar el evento, significó la trascendencia de reunir en la denominada Ciudad de los Parques a jóvenes creadores de naciones como Venezuela, Bolivia, Argentina, Canadá y España, quienes se manifestaron contra la campaña mediática internacional del Imperialismo y sus aliados contra la Isla.
Este encuentro, subrayó, es un foco de resistencia cultural contra la hegemonía que pretende imponer al arte el mercado capitalista, además de ser un espacio diseñado para debatir y confraternizar como hermanos.
El también director provincial de Cultura lanzó la convocatoria para la edición XVIII de la mayor Fiesta del Arte Joven en la Isla, la cual se desarrollará del dos al ocho de mayo de 2011.
Gabriel Vallecillo, poeta y pintor hondureño, en declaraciones a la AIN agradeció la posibilidad de que existan fiestas culturales como las Romerías, las cuales permiten la integración de los pueblos.
Durante una semana esta urbe recibió a representantes de diversas manifestaciones artísticas y entre los sucesos más trascendentes estuvieron la exhibición por primera vez en Cuba de cuadros originales de Pablo Picasso y una exposición personal del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín.
La cita, organizada por la Asociación Hermanos Saíz, se realizan anualmente y tienen su origen en una fiesta religiosa iniciada el 3 de mayo de 1790 por el fraile Antonio Alegre, quien escaló hasta lo alto del Cerro Bayado con una cruz de madera a cuestas.
En su versión de 2010 se dedicó a la ciudad canadiense de Toronto y al 50 aniversario del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos.
Alexis Triana, presidente del Comité Organizador, al clausurar el evento, significó la trascendencia de reunir en la denominada Ciudad de los Parques a jóvenes creadores de naciones como Venezuela, Bolivia, Argentina, Canadá y España, quienes se manifestaron contra la campaña mediática internacional del Imperialismo y sus aliados contra la Isla.
Este encuentro, subrayó, es un foco de resistencia cultural contra la hegemonía que pretende imponer al arte el mercado capitalista, además de ser un espacio diseñado para debatir y confraternizar como hermanos.
El también director provincial de Cultura lanzó la convocatoria para la edición XVIII de la mayor Fiesta del Arte Joven en la Isla, la cual se desarrollará del dos al ocho de mayo de 2011.
Gabriel Vallecillo, poeta y pintor hondureño, en declaraciones a la AIN agradeció la posibilidad de que existan fiestas culturales como las Romerías, las cuales permiten la integración de los pueblos.
Durante una semana esta urbe recibió a representantes de diversas manifestaciones artísticas y entre los sucesos más trascendentes estuvieron la exhibición por primera vez en Cuba de cuadros originales de Pablo Picasso y una exposición personal del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín.
Maniserías de mayo
Por Joaquín Fernández Moreno
Y será otra vez. Y volverá, dentro de doce meses, el encuentro de siempre. Viene el aire, escasísimo para casi un agosto cubano en mayo, escurridizo como el amor, para espantar los malos espíritus; ruedan papeles y desperdicios a los pies de los caballos y bicicletas, en un Guernica de solidaridad y entendimiento.
Jamás esperemos a que un pregón grite a los mil vientos que las próximas guerras serán a fuerza de poesía, y que las canciones de la alegría de Beethoven encuentren nuevos oídos sin agujeros, y los invisibles huecos negros de la capa de odio puedan cubrirse con las insustituibles alas de las palomas.
El maní viene a ser una especie de resguardo para los cubanos, tanto para el frío como para el calor, para la hostilidad como para la renquera. “Si hay maní, hay money, si no hay money, no hay maní”. Juro que ningún visitante a Holguín, Ciudad cubana de los Parques, haya obviado el slogan, desde las brasas de una fogosa lata, ofertando tras una voz de siempre, el manjar especial para los de adentro y los de afuera, para acompañar el sorbo etílico, o para congelar el llanto de un pequeño, o simplemente, brindar por la paz y la vida.
Por la tiranía del tiempo, se van las Romerías de Mayo, como cada año, y los pregoneros de nuestra única piel, con sus calientes cucuruchos rellenos de grasa y hemoglobina, esperan la extensión de una nueva visa para continuar siendo, pese a la lluvia o la sequía, los pregoneros de la fe y la esperanza de siempre.
Y será otra vez. Y volverá, dentro de doce meses, el encuentro de siempre. Viene el aire, escasísimo para casi un agosto cubano en mayo, escurridizo como el amor, para espantar los malos espíritus; ruedan papeles y desperdicios a los pies de los caballos y bicicletas, en un Guernica de solidaridad y entendimiento.Jamás esperemos a que un pregón grite a los mil vientos que las próximas guerras serán a fuerza de poesía, y que las canciones de la alegría de Beethoven encuentren nuevos oídos sin agujeros, y los invisibles huecos negros de la capa de odio puedan cubrirse con las insustituibles alas de las palomas.
El maní viene a ser una especie de resguardo para los cubanos, tanto para el frío como para el calor, para la hostilidad como para la renquera. “Si hay maní, hay money, si no hay money, no hay maní”. Juro que ningún visitante a Holguín, Ciudad cubana de los Parques, haya obviado el slogan, desde las brasas de una fogosa lata, ofertando tras una voz de siempre, el manjar especial para los de adentro y los de afuera, para acompañar el sorbo etílico, o para congelar el llanto de un pequeño, o simplemente, brindar por la paz y la vida.
Por la tiranía del tiempo, se van las Romerías de Mayo, como cada año, y los pregoneros de nuestra única piel, con sus calientes cucuruchos rellenos de grasa y hemoglobina, esperan la extensión de una nueva visa para continuar siendo, pese a la lluvia o la sequía, los pregoneros de la fe y la esperanza de siempre.
XVII Romerías de Mayo: el último desfile
Por Carlos Melian Moreno
El último desfile, el que salió desde la calle Libertad hasta la plaza de la Revolución concluyó con un gran concierto donde tocaron todos o casi todos los participantes musicales de estas finalizadas XVII Romerías de Mayo. Luego, fue la siembra del árbol, y la subida del hacha hacia el edificio más alto de la ciudad.
Un “caballito”, y un carro de bomberos, abrieron el paso de la caminata que salió del parque Calixto García. Después siguieron los romeros, es decir, los poetas, los músicos, la mayoría jóvenes, frikis, raperos, o universitarios que cada año llegan aquí a pasarla bien, a sentirse menos solos y a conocer nuevos colegas, propuestas musicales, pintores y dejarse llevar por un evento que no descansa y donde mucha gente parece estar, la verdad, en medio de un constante hapenning.
Unas veinte banderas de diferentes países eran hondeadas por los delegados y sobre un carromato iba acostada la réplica gigante del hacha de Holguín, uno de los símbolos, junto a la Loma de la Cruz, de este evento, que por cierto, es totalmente laico, y aunque combina las raíces y la modernidad, el empuje, la gran puesta, la arman los jóvenes menos formales de Cuba.
La caravana llegó a las ocho de la noche y hubo que esperar hasta las doce, así que correspondió a tres canciones por grupo. Estamos hablando del Renegado, Brasil; la QuimiK, Cuba; NEGRONS, Cuba; Tolerancia, Cuba; Peoples Poets, Canadá; Tierra Firme, Cuba; Faith Nolan y las Cantantes de la Libertad, Canadá, entre otros.
No todos siguieron la orden, por supuesto, algunas intervenciones parecieron interminables, así que algunas personas prefirieron estar allí y otras mover las piernas hasta el edificio donde sembrarían el árbol, y elevarían el hacha. Si uno levantaba el cuello desde las vallas, podía ver que miles de siluetas vibraban allí, de donde también venían estallidos musicales.
Cuando la versión salsera de la novena sinfonía de Beethoven a cargo del grupo D clase, cerró el primer bloque de conciertos, salió nuevamente la caravana de banderas, y se terminó el ritual del hacha. En las bases del inmueble, hubo unos cien muchachos jalando la gran soga que elevó el hacha hasta la punta del rascacielos. Esta ceremonia fue la viquingada de siempre: hay que estar dispuestos a recibir algunos empujones para poder decir: yo jalé la soga. Uno podía escalar un poco y luego caía sobre otros, que jalaban y reían. La figura aborigen en forma de pétalo estuvo izada en menos de tres o cuatro minutos.
Posteriormente, el que firma estas líneas se retiró. Desde otras partes de la ciudad, se escuchaba lo que sucedía, de pronto se oía la voz cavernosa de un deathmetal, bastante antimusical, y luego, se abría paso su reverso, un melodioso David Blanco, también llegaban señales de reggetón y hip hop, según como soplara el viento. Eso, damas y caballeros, suelen ser las Romerías.
El último desfile, el que salió desde la calle Libertad hasta la plaza de la Revolución concluyó con un gran concierto donde tocaron todos o casi todos los participantes musicales de estas finalizadas XVII Romerías de Mayo. Luego, fue la siembra del árbol, y la subida del hacha hacia el edificio más alto de la ciudad.
Un “caballito”, y un carro de bomberos, abrieron el paso de la caminata que salió del parque Calixto García. Después siguieron los romeros, es decir, los poetas, los músicos, la mayoría jóvenes, frikis, raperos, o universitarios que cada año llegan aquí a pasarla bien, a sentirse menos solos y a conocer nuevos colegas, propuestas musicales, pintores y dejarse llevar por un evento que no descansa y donde mucha gente parece estar, la verdad, en medio de un constante hapenning.
Unas veinte banderas de diferentes países eran hondeadas por los delegados y sobre un carromato iba acostada la réplica gigante del hacha de Holguín, uno de los símbolos, junto a la Loma de la Cruz, de este evento, que por cierto, es totalmente laico, y aunque combina las raíces y la modernidad, el empuje, la gran puesta, la arman los jóvenes menos formales de Cuba.
La caravana llegó a las ocho de la noche y hubo que esperar hasta las doce, así que correspondió a tres canciones por grupo. Estamos hablando del Renegado, Brasil; la QuimiK, Cuba; NEGRONS, Cuba; Tolerancia, Cuba; Peoples Poets, Canadá; Tierra Firme, Cuba; Faith Nolan y las Cantantes de la Libertad, Canadá, entre otros.
No todos siguieron la orden, por supuesto, algunas intervenciones parecieron interminables, así que algunas personas prefirieron estar allí y otras mover las piernas hasta el edificio donde sembrarían el árbol, y elevarían el hacha. Si uno levantaba el cuello desde las vallas, podía ver que miles de siluetas vibraban allí, de donde también venían estallidos musicales.
Cuando la versión salsera de la novena sinfonía de Beethoven a cargo del grupo D clase, cerró el primer bloque de conciertos, salió nuevamente la caravana de banderas, y se terminó el ritual del hacha. En las bases del inmueble, hubo unos cien muchachos jalando la gran soga que elevó el hacha hasta la punta del rascacielos. Esta ceremonia fue la viquingada de siempre: hay que estar dispuestos a recibir algunos empujones para poder decir: yo jalé la soga. Uno podía escalar un poco y luego caía sobre otros, que jalaban y reían. La figura aborigen en forma de pétalo estuvo izada en menos de tres o cuatro minutos.
Posteriormente, el que firma estas líneas se retiró. Desde otras partes de la ciudad, se escuchaba lo que sucedía, de pronto se oía la voz cavernosa de un deathmetal, bastante antimusical, y luego, se abría paso su reverso, un melodioso David Blanco, también llegaban señales de reggetón y hip hop, según como soplara el viento. Eso, damas y caballeros, suelen ser las Romerías.
GUAYASAMIN ES CUBA, CUBA ES GUAYASAMIN
Palabras de Pablo Guayasamín, hijo del pintor Oswaldo Guayasamín y presidente de la Fundación Guayasamín al dejar inaugurada la muestra expositiva del pintor de América en el Museo “La Periquera” como parte de la décimo séptima edición de las Romerías de Mayo.
Invitado por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y un gran amigo, Eduardo Mederos, Pablo Guayasamín se encuentra en Holguín como uno más de esta ciudad oriental de Cuba. Humilde, gentil, casi desempacando guacales y sin el más mínimo inconveniente accedió a conversar en el programa “VSD…y de Arte” de Telecristal.
“No me podía negar, ni la fundación que lleva el nombre de mi padre se puede negar a estar presente cada vez que Cuba necesite de nuestra presencia aquí. Estaremos en cualquier rincón de esta isla maravillosa para aportar con lo que mi padre supo dar al mundo que es su creación plástica, su grito de los pueblos desposeídos y un grito de solidaridad” -Esas fueron sus primeras palabras en pantalla-.
Seis meses antes había visitado Cuba pero ahora está en plena fiesta de tradición y modernidad que celebra del 2 al 8 de mayo la Asociación Hermanos Saíz, de jóvenes artistas.
“En ese contexto me encuentro acá, muy contento, es la primera vez que estoy en Holguín, he venido a Cuba más de veinte veces siempre por trabajo, ahora estoy trabajando y disfrutando por un lado y por otro conociendo a este pueblo maravilloso”.
El hecho de exhibir obras de Guayasamín más allá de los circuitos establecidos en la promoción del arte ¿forma parte de los proyectos de la fundación que usted dirige o esta exposición en Holguín es una excepción?
“Definitivamente nosotros damos una gran importancia a las exposiciones que se hacen en los museos de mayor prestigio del mundo, en estos momentos hace diez días acabo de regresar a Ecuador después de haber inaugurado una exposición en Curitiba, Brasil, en el Museo Oscar Niemeyer; Niemeyer otro gran amigo de la Revolución Cubana, amigo del Comandante y amigo de mi padre. En ese museo, que es uno de los más bellos de América Latina está montada una muestra de Guayasamín.
Pero mi padre no solamente quería que las obras llegaran a estos grandes museos, sino a los pueblos, a los sitios más recónditos de la tierra y hemos empezado un ciclo de exposiciones en Ecuador que se llama “Guayasamín pinta a América”, y estos cuadros están recorriendo en estos momentos los pueblos más pequeños del Ecuador, es una muestra que nosotros aspiramos se realicen entre sesenta o setenta exposiciones en Ecuador. Igual como le damos una gran importancia a París o a seis exposiciones que acabamos de terminar en Estados Unidos.
Para nosotros Holguín tiene la misma importancia, porque los pueblos son los sensibles, no porque unos pueblos sean más desarrollados que otros se pierde esa sensibilidad, y creo que en estos pueblos pequeños pero que son grandes en corazón, es donde existe más sensibilidad que en los otros”.
Guayasamín es un apellido del cual se hubiera vanagloriado desde el más cercano al más lejano pariente del artista, sin embargo para sus hijos es un compromiso, una responsabilidad no faltar a la ética de Oswaldo.
Pablo usted ha dicho que su familia ha intentado ser alguien no en función del apellido sino por mérito propio.
“Por ejemplo, mi hermano es pintor y él firma "Juan Cristóbal", sólo con su nombre, para que no lo identifiquen con nuestro padre ni obtener triunfos por el apellido que lleva”.
Acérquenos a su familia, a su padre.
“Bueno siendo muy sucinto Guayasamín surge de un hogar muy humilde, tuve un abuelo chofer de taxi, mi padre una madre que vendía arroz y azúcar y productos por libras para mantener a diez hijos. Guayasamín, el mayor, vive y siente el hambre, siente la necesidad.
Empieza a pintar a los ocho años, a los veintidós se gradúa en la Escuela de Bellas Artes. No sabe sumar, no sabe restar pero ya está leyendo libros de gran envergadura, ya conoce como salta, como se mueve un saltamontes, ve como un colibrí está chupando la miel de las flores y está rodeado de belleza y de dramatismo. Belleza por todo el entorno que tiene la ciudad de Quito: sus montañas, sus volcanes, y dramatismo, porque las iglesias nuestras encierran un dolor trágico de ese Cristo traído por los españoles y de todas sus imágenes.
Mi abuelo cuando era tractorista, que fue en sus inicios como se ganaba la vida, le regala a mi padre piezas prehispánicas que encuentra al mover el tractor y siembra en él un amor y un respeto a nuestras raíces culturales más hondas, más profundas.
Con todo ese legado Guayasamín empieza a pintar, a proyectarse en el arte y a los veintitrés años recibe una beca de Nelson Rockefeller para exponer en los Estados Unidos y visitar los museos de ese país, una cosa que era totalmente insólita. Va allá y tiene por primera vez, este chico de escasísimos recursos económicos, la oportunidad de enfrentarse a las grandes obras maestras de los siglos XVIII, XIX y XX que estaban en los museos norteamericanos. Eso para él fue una de las experiencias mayores de su vida y se lo agradeció al imperio, pero el imperio pensó que lo había comprado y no era lo mismo porque, ahorrando mucho dinero recorre América Latina, siente su dolor, que no solamente fue el que vivió en su niñez, sino el que sentía el continente porque estaba igualmente plagado. Recorre desde México toda Centroamérica, Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y ve que el dolor es el mismo.
Pinta 103 cuadros de este viaje y los titula “Huacayñan” -en quechua camino del llanto-, divididos en tres temas: mestizo, negro e indio. Con esta colección gana tres grandes bienales mundiales de pintura: Barcelona (1955-1956), Sao Paulo (1957) y la de México (1960), después de estos reconocimientos decide nunca más presentarse a un concurso de pintura.
Con el dinero de la Bienal de Barcelona recorre toda España y parte de Europa y encuentra que después de la Primera Guerra Mundial, de la Guerra Civil Española, de la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba en un permanente luto y eso pinta en los cuadros de “La edad de la ira”, o sea considera que el siglo XX es uno de los más violentos que le toca vivir a la humanidad: guerras mundiales, bomba atómica, Hiroshima y Nagasaki, el dramatismo más terrible, el hombre es capaz de masacrar al propio hombre.
Con formas y colores empieza a presentar un grito desesperado por la paz, por la no violencia y convoca a que nos demos las manos y que busquemos un mundo mejor para la humanidad”.
Oswaldo Guayasamín cuando iba de viaje decía: “Siempre voy a volver, mantengan encendida una luz". Esa frase está escrita a gran escala en la Fundación Guayasamín y la Capilla del Hombre.
“Definitivamente esa frase a nosotros ha calado y a la humanidad ha calado muy profundamente.
La Capilla del Hombre que se construye gracias al apoyo de Cuba, que tuvo una generosidad como toda la vida ha tenido; gracias al apoyo de Chile, de Venezuela, gracias a muchos amigos que pusieron el hombro para hacer realidad, como los cantautores de América Latina y España que se presentaron durante tres noches seguidas en Ecuador creando todo lo que se llamó “Todas las Voces Todas”, cantaron para recaudar fondos y construir este templo por la paz, esta capilla donde se adora no a Santos ni a Vírgenes que no sabemos si existieron o no, sino al hombre que ha poblado América Latina, al hombre que con su sudor ha logrado sacar a nuestro continente adelante y que estamos en la mitad de este camino con el pensamiento de Bolívar, Martí, de Alfaro… ya vamos, ya tenemos nuestros conductores: Fidel, Raúl, estuvo el Ché, Camilo Cienfuegos y ahora viene una nueva juventud que la encuentro acá reunida en Holguín participando en estas Romerías de Mayo. Me parece maravilloso”.
A nosotros también nos parece maravilloso que usted se encuentre en Holguín con la obra y el pensamiento de su padre, junto a nosotros los jóvenes de hoy, que alzamos la voz como Guayasamín, por un mundo de paz.
“Gracias al pueblo cubano, entonces gracias a Holguín por acogernos”
Invitado por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y un gran amigo, Eduardo Mederos, Pablo Guayasamín se encuentra en Holguín como uno más de esta ciudad oriental de Cuba. Humilde, gentil, casi desempacando guacales y sin el más mínimo inconveniente accedió a conversar en el programa “VSD…y de Arte” de Telecristal.
“No me podía negar, ni la fundación que lleva el nombre de mi padre se puede negar a estar presente cada vez que Cuba necesite de nuestra presencia aquí. Estaremos en cualquier rincón de esta isla maravillosa para aportar con lo que mi padre supo dar al mundo que es su creación plástica, su grito de los pueblos desposeídos y un grito de solidaridad” -Esas fueron sus primeras palabras en pantalla-.
Seis meses antes había visitado Cuba pero ahora está en plena fiesta de tradición y modernidad que celebra del 2 al 8 de mayo la Asociación Hermanos Saíz, de jóvenes artistas.
“En ese contexto me encuentro acá, muy contento, es la primera vez que estoy en Holguín, he venido a Cuba más de veinte veces siempre por trabajo, ahora estoy trabajando y disfrutando por un lado y por otro conociendo a este pueblo maravilloso”.
El hecho de exhibir obras de Guayasamín más allá de los circuitos establecidos en la promoción del arte ¿forma parte de los proyectos de la fundación que usted dirige o esta exposición en Holguín es una excepción?
“Definitivamente nosotros damos una gran importancia a las exposiciones que se hacen en los museos de mayor prestigio del mundo, en estos momentos hace diez días acabo de regresar a Ecuador después de haber inaugurado una exposición en Curitiba, Brasil, en el Museo Oscar Niemeyer; Niemeyer otro gran amigo de la Revolución Cubana, amigo del Comandante y amigo de mi padre. En ese museo, que es uno de los más bellos de América Latina está montada una muestra de Guayasamín.
Pero mi padre no solamente quería que las obras llegaran a estos grandes museos, sino a los pueblos, a los sitios más recónditos de la tierra y hemos empezado un ciclo de exposiciones en Ecuador que se llama “Guayasamín pinta a América”, y estos cuadros están recorriendo en estos momentos los pueblos más pequeños del Ecuador, es una muestra que nosotros aspiramos se realicen entre sesenta o setenta exposiciones en Ecuador. Igual como le damos una gran importancia a París o a seis exposiciones que acabamos de terminar en Estados Unidos.
Para nosotros Holguín tiene la misma importancia, porque los pueblos son los sensibles, no porque unos pueblos sean más desarrollados que otros se pierde esa sensibilidad, y creo que en estos pueblos pequeños pero que son grandes en corazón, es donde existe más sensibilidad que en los otros”.
Guayasamín es un apellido del cual se hubiera vanagloriado desde el más cercano al más lejano pariente del artista, sin embargo para sus hijos es un compromiso, una responsabilidad no faltar a la ética de Oswaldo.
Pablo usted ha dicho que su familia ha intentado ser alguien no en función del apellido sino por mérito propio.
“Por ejemplo, mi hermano es pintor y él firma "Juan Cristóbal", sólo con su nombre, para que no lo identifiquen con nuestro padre ni obtener triunfos por el apellido que lleva”.
Acérquenos a su familia, a su padre.
“Bueno siendo muy sucinto Guayasamín surge de un hogar muy humilde, tuve un abuelo chofer de taxi, mi padre una madre que vendía arroz y azúcar y productos por libras para mantener a diez hijos. Guayasamín, el mayor, vive y siente el hambre, siente la necesidad.
Empieza a pintar a los ocho años, a los veintidós se gradúa en la Escuela de Bellas Artes. No sabe sumar, no sabe restar pero ya está leyendo libros de gran envergadura, ya conoce como salta, como se mueve un saltamontes, ve como un colibrí está chupando la miel de las flores y está rodeado de belleza y de dramatismo. Belleza por todo el entorno que tiene la ciudad de Quito: sus montañas, sus volcanes, y dramatismo, porque las iglesias nuestras encierran un dolor trágico de ese Cristo traído por los españoles y de todas sus imágenes.
Mi abuelo cuando era tractorista, que fue en sus inicios como se ganaba la vida, le regala a mi padre piezas prehispánicas que encuentra al mover el tractor y siembra en él un amor y un respeto a nuestras raíces culturales más hondas, más profundas.
Con todo ese legado Guayasamín empieza a pintar, a proyectarse en el arte y a los veintitrés años recibe una beca de Nelson Rockefeller para exponer en los Estados Unidos y visitar los museos de ese país, una cosa que era totalmente insólita. Va allá y tiene por primera vez, este chico de escasísimos recursos económicos, la oportunidad de enfrentarse a las grandes obras maestras de los siglos XVIII, XIX y XX que estaban en los museos norteamericanos. Eso para él fue una de las experiencias mayores de su vida y se lo agradeció al imperio, pero el imperio pensó que lo había comprado y no era lo mismo porque, ahorrando mucho dinero recorre América Latina, siente su dolor, que no solamente fue el que vivió en su niñez, sino el que sentía el continente porque estaba igualmente plagado. Recorre desde México toda Centroamérica, Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y ve que el dolor es el mismo.
Pinta 103 cuadros de este viaje y los titula “Huacayñan” -en quechua camino del llanto-, divididos en tres temas: mestizo, negro e indio. Con esta colección gana tres grandes bienales mundiales de pintura: Barcelona (1955-1956), Sao Paulo (1957) y la de México (1960), después de estos reconocimientos decide nunca más presentarse a un concurso de pintura.
Con el dinero de la Bienal de Barcelona recorre toda España y parte de Europa y encuentra que después de la Primera Guerra Mundial, de la Guerra Civil Española, de la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba en un permanente luto y eso pinta en los cuadros de “La edad de la ira”, o sea considera que el siglo XX es uno de los más violentos que le toca vivir a la humanidad: guerras mundiales, bomba atómica, Hiroshima y Nagasaki, el dramatismo más terrible, el hombre es capaz de masacrar al propio hombre.
Con formas y colores empieza a presentar un grito desesperado por la paz, por la no violencia y convoca a que nos demos las manos y que busquemos un mundo mejor para la humanidad”.
Oswaldo Guayasamín cuando iba de viaje decía: “Siempre voy a volver, mantengan encendida una luz". Esa frase está escrita a gran escala en la Fundación Guayasamín y la Capilla del Hombre.
“Definitivamente esa frase a nosotros ha calado y a la humanidad ha calado muy profundamente.
La Capilla del Hombre que se construye gracias al apoyo de Cuba, que tuvo una generosidad como toda la vida ha tenido; gracias al apoyo de Chile, de Venezuela, gracias a muchos amigos que pusieron el hombro para hacer realidad, como los cantautores de América Latina y España que se presentaron durante tres noches seguidas en Ecuador creando todo lo que se llamó “Todas las Voces Todas”, cantaron para recaudar fondos y construir este templo por la paz, esta capilla donde se adora no a Santos ni a Vírgenes que no sabemos si existieron o no, sino al hombre que ha poblado América Latina, al hombre que con su sudor ha logrado sacar a nuestro continente adelante y que estamos en la mitad de este camino con el pensamiento de Bolívar, Martí, de Alfaro… ya vamos, ya tenemos nuestros conductores: Fidel, Raúl, estuvo el Ché, Camilo Cienfuegos y ahora viene una nueva juventud que la encuentro acá reunida en Holguín participando en estas Romerías de Mayo. Me parece maravilloso”.
A nosotros también nos parece maravilloso que usted se encuentre en Holguín con la obra y el pensamiento de su padre, junto a nosotros los jóvenes de hoy, que alzamos la voz como Guayasamín, por un mundo de paz.
“Gracias al pueblo cubano, entonces gracias a Holguín por acogernos”
Diálogo para compartir sueños
Por Mirelkis González Moscardón y Bernardo Rodríguez Cabrera
Las Romerías de Mayo son una excelente oportunidad para que jóvenes de distintas partes del mundo fomenten sus proyectos y confluyan culturas e ideas, y con este propósito, delegados de más de veinte países invitados a la XVII edición del evento se fusionaron en un abierto diálogo en el teatro Ismaelillo, de la Ciudad cubana de los Parques.
Durante el intercambio, jóvenes hermanados desde el arte, reconocido como crecimiento espiritual, plantearon la posibilidad de crear una generación que salve al mundo, repartiendo por todo el universo espacios similares a éste, hasta lograr que todos hablemos un solo idioma: el del arte.
Brasileños, mexicanos, venezolanos, hondureños, canadienses y españoles mostraron su agradecimiento a Cuba, y especialmente a Holguín, por permitirles promover su mensaje de paz y amor, y expresaron que “a esta ciudad siempre la llevaremos en nuestros corazones, y nos encargaremos de ser voceros de su realidad por todo el mundo”.
El Manifiesto de los participantes, dado a conocer el último día de las Romerías de Mayo, propugna el imprescindible respeto a la diversidad cultural entre los pueblos, se pronuncia en contra del uso del arte como mercancía y la campaña mediática contra nuestro país; además exige la liberación de los cinco Héroes cubanos prisioneros injustamente en los Estados Unidos, y que a Cuba se le reconozca como una nación libre y soberana.
Rubén del Valle, viceministro de Cultura, Esneider Gutiérrez, presidente de la AHS en el territorio, y Alexis Triana Hernández, presidente del Comité Organizador del evento, encabezaron este momento de reflexión e intercambio, donde los invitados compartieron sus sueños y experiencias mediante diálogos, poemas y canciones.
Las Romerías de Mayo son una excelente oportunidad para que jóvenes de distintas partes del mundo fomenten sus proyectos y confluyan culturas e ideas, y con este propósito, delegados de más de veinte países invitados a la XVII edición del evento se fusionaron en un abierto diálogo en el teatro Ismaelillo, de la Ciudad cubana de los Parques.
Durante el intercambio, jóvenes hermanados desde el arte, reconocido como crecimiento espiritual, plantearon la posibilidad de crear una generación que salve al mundo, repartiendo por todo el universo espacios similares a éste, hasta lograr que todos hablemos un solo idioma: el del arte.
Brasileños, mexicanos, venezolanos, hondureños, canadienses y españoles mostraron su agradecimiento a Cuba, y especialmente a Holguín, por permitirles promover su mensaje de paz y amor, y expresaron que “a esta ciudad siempre la llevaremos en nuestros corazones, y nos encargaremos de ser voceros de su realidad por todo el mundo”.
El Manifiesto de los participantes, dado a conocer el último día de las Romerías de Mayo, propugna el imprescindible respeto a la diversidad cultural entre los pueblos, se pronuncia en contra del uso del arte como mercancía y la campaña mediática contra nuestro país; además exige la liberación de los cinco Héroes cubanos prisioneros injustamente en los Estados Unidos, y que a Cuba se le reconozca como una nación libre y soberana.
Rubén del Valle, viceministro de Cultura, Esneider Gutiérrez, presidente de la AHS en el territorio, y Alexis Triana Hernández, presidente del Comité Organizador del evento, encabezaron este momento de reflexión e intercambio, donde los invitados compartieron sus sueños y experiencias mediante diálogos, poemas y canciones.
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